Actualmente, con motivo de la PAU o de las recientes oposiciones docentes, se ha puesto de manifiesto el gran problema de la ortografía (y, por extensión, de todas las destrezas o habilidades lingüísticas).
El planteamiento que se expone a continuación parte de considerar la situación actual no como un problema aislado, sino un motivo de intervención a partir de una reflexión conjunta. Para ello, se exponen diferentes preguntas que deben llevarnos a un debate como compromiso manifiesto en favor de la calidad educativa.
¿Se trabaja la competencia lingüística de forma transversal en todas las áreas para así no deteriorar la ortografía, la sintaxis y la coherencia textual? Este sería el planteamiento inicial para debatir y, a partir del cual, derivará el resto de las cuestiones propuestas que se exponen.
¿Se entiende la Lengua y sus destrezas como herramienta central del aprendizaje y no como responsabilidad exclusiva de la asignatura de Lengua? ¿Somos conscientes que debe ser el eje transversal del aprendizaje para enseñar a pensar, argumentar y expresarse con claridad? Un descenso en el nivel de ortografía y expresión escrita no es un accidente ni un problema exclusivo del área de Lengua en cualquiera de sus niveles y etapas. La intención es potenciar el razonamiento y la producción de ideas en lugar de la mera reproducción mecánica de conceptos sin comprensión.
Por ello ¿Se estudia para repetir y aprobar y no para comprender ni transferir lo aprendido a otros contextos? Como consecuencia directa de lo antes mencionado, podría haberse dado la situación de unas técnicas de estudio atrofiadas. En lugar de limitarse a memorizar sin entender o estudiar para repetir, el alumnado debe hacerlo para comprender, para aprender a componer textos y estructurar discursos a partir de ideas clave. Lógicamente, dicho alumnado, necesita que se le guíe, que se le enseñe a ello y se les proporcionen pautas. Aprender a aprender implica pensar, estructurar ideas, saber explicar o componer; es decir, un dominio de las destrezas lingüísticas que juegan un papel esencial como medio de aprendizaje.
¿Una mala concepción del bilingüismo debilita el desarrollo lingüístico al limitarse a traducir contenidos o conceptos? ¿Se sacrifican, por ello, las destrezas lingüísticas? ¿Esto conlleva un conocimiento mucho más precario que va dando la cara en la formación universitaria y posterior? Una de las raíces principales en la que habría que intervenir es el modelo y ejecución de las (no sé si del todo bien llamadas) áreas bilingües. Toda área o materia necesita fomentar un aprendizaje profundo y el modelo bilingüe podría generar un conocimiento más básico o precario. Al priorizar el contenido conceptual a través de meras traducciones o de un nivel inferior a la lengua materna, se sacrifican las destrezas lingüísticas y, aunque el alumnado aprende a identificar palabras en otro idioma, pierde la oportunidad de argumentar y articular ideas complejas en el suyo propio. Además de afectar al citado aprendizaje profundo de la materia, relegaría a un segundo plano aspectos clave como la práctica de la expresión oral y escrita, la comprensión o el razonamiento, que juegan un papel esencial como contexto en el cual poner en práctica las habilidades lingüísticas. Cierta es la importancia del desarrollo de un segundo idioma y las ventajas que produce, esto es innegable y debe promoverse, pero debemos pensar si se podría plantear un modelo diferente sin sacrificar la profundidad de conocimientos de cada área o el desarrollo pleno de las destrezas lingüísticas. Quizás, de esto último no somos conscientes en Primaria o Secundaria, pero sí se pone de manifiesto en etapas de Bachillerato, FP o Universidad, cuando ya es más complicado adoptar una solución.
¿Al evaluar se prioriza la reproducción mecánica sin entender frente al razonamiento, la comprensión y la producción de ideas? La evaluación condiciona toda metodología y enfoque del proceso enseñanza/aprendizaje. Si los instrumentos de evaluación son una sucesión de ejercicios descontextualizados que solo miden la retención de conceptos aislados, lo que se mide es la capacidad del alumnado para reproducir información, pero en menor medida para producir un texto propio fundamentado en el razonamiento. Si premiamos la mera repetición, habilidades como la ortografía, la sintaxis y la coherencia narrativa quedarán relegadas al olvido. La idea es integrar la evaluación formativa en las actividades diarias con actividades contextualizadas en las que tengan que escribir, explicar y razonar. Son los procesos cognitivos que nos indican los criterios de evaluación de cada una de las áreas y etapas.
¿Cómo docentes, se conoce y aplica la normativa que permite evaluar la competencia lingüística en cualquier área? Con relación a lo anterior, la propia normativa vigente ampara evaluar la producción oral, la expresión escrita o la lectura comprensiva o crítica de manera transversal en todas las áreas y materias de Primaria y Secundaria. No debemos ignorar esta posibilidad que, como se ha citado, ya nos indican los criterios de evaluación y que la lengua sea el vehículo fundamental para la exposición en cualquier materia.
¿Se potencia la coordinación entre etapas educativas evitando caer en responsabilizar a la etapa o nivel anterior? ¿Se fomenta la reflexión? Es importante evitar fisuras estructurales. Es necesario llevar a cabo coordinación no solo entre los distintos ciclos y etapas educativas, sino entre diferentes agentes que intervienen en la educación a pie de aula para detectar dificultades, asumir responsabilidades conjuntas y plantear un claro itinerario de intervención que se aleje de meros planes y programas burocráticos.
A este contexto académico debemos sumar un factor comunicativo y social que agrava el problema: el uso masivo de redes sociales y sistemas de mensajería instantánea. ¿Aceptamos el reto educativo de no prohibirlas sino enseñar a usarlas con criterio y a adaptar su lenguaje según el contexto? En estos entornos digitales, la inmediatez y la rapidez suponen un obstáculo constante para el cuidado de la ortografía y la reflexión pausada. No obstante, la solución no pasa por demonizar, evitar o prohibir el uso de estas tecnologías, ya que son parte consustancial de la realidad del alumnado. El verdadero reto es educar en su utilización. Es imprescindible enseñar a los jóvenes la adecuación lingüística; es decir, dotarles del criterio necesario para comprender que, si bien la velocidad y la economía del lenguaje son válidas en un chat informal, la precisión ortográfica y gramatical es innegociable a la hora de estructurar un pensamiento complejo o presentarlo formalmente. Todo ello junto al pensamiento crítico que supone estar en contacto con redes sociales.
En definitiva, la crisis de la ortografía se resolverá con un cambio de paradigma estructural porque la lengua debe ser el eje transversal del aprendizaje con un enfoque vehicular e integrado todas las habilidades lingüísticas. La concepción de una adecuada competencia lingüística como medio y como fin debe llevarnos a exigir el guiar, enseñar y evaluar su capacidad para producir ideas propias con claridad, corrección, razonamiento, reflexión y sentido crítico en todas las áreas; porque solo se aprende lengua si se reflexiona sobre ella.
Antonio Sánchez Barrera
Director del CEIP Huerta Retiro (Mairena del Alcor )
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