Bares y neuronas

SECCIÓN PROBLEMATIZANDO EL PRESENTE

Oigo a gente muy leída decir que la carencia de soluciones de los sistemas democráticos es el signo de identidad de nuestra época. Debe ser por esto que retrocede en todos partes. El caso es que, mientras otros aún más instruidos discurren tratando de hallar remedio a tamaños males, frecuento los bares. Codo en barra, aguzo el oído y trato de saber qué se cuece entre la gente que no lee. Probablemente, porque no tiene quien les escriba. Como fuere, presidiendo una esquina, la televisión siempre presente capta la atención de la clientela, orienta las tendencias y, en efecto, propaga el odio tanto como el hartazgo que se respira. Gravitantes las palabras malsonantes, sorteo la frase que desbarra por su simpleza sonrojante, la confusión entre políticos y política, las causas con las consecuencias… Tal desorden mental crónico me produce tristura y desilusión, a partes iguales. 

Porque no hay ningún motivo, ni moral ni político, para ceder ante la barbarie.

A partir de los acontecimientos de Ceuta, por ejemplo, he escuchado a cretinos que pasan por ser buena gente, porque saludan con fruición por la calle, proponer deportaciones masivas, levantar muros cada vez más altos, convertir las cuchillas de las concertinas en sables de coronel para cazar inmigrantes… Sin ganas de discutir, a veces, mascullo entre dientes: “¡ponles otra!”, por ver si se les ablanda el corazón, pero los aprieto tan fuertes que no me sale. Porque no hay ningún motivo, ni moral ni político, para ceder ante la barbarie. Pero entonces sucede el desahucio de Maricarmen, tan dramático como infame, y he aquí que el mismo energúmeno del día de antes llega a empatizar hasta emocionarse, blasfemar con vehemencia ahora contra la avaricia del capital, la injusticia de los fondos buitres. Y, mira por dónde, llega incluso a defender los decretos del “hijoputa” de Pedro Sánchez. Por unos minutos, todos coincidimos en la repugnancia al capitalismo que todo, desde la salud a la vivienda, lo reduce a mercancía.

Todo se me antoja urgente, preciso de la comprensión de esas meninges, porque estoy convencido que como ciudadanos saldríamos ganando.

No pido la luna, me empeño tan solo en comprender el funcionamiento de esas neuronas, esa amalgama de fatalidad que, a la sombra de Caín, moldea la fantasía del odio y constituye la cadencia del mundo en continua disonancia con la esperanza de la fraternidad. Porque ambos mundos no son excluyentes. Aunque el envilecimiento que permite confundir las condiciones de víctimas y victimario me revuelve las tripas. Todo se me antoja urgente, preciso de la comprensión de esas meninges, porque estoy convencido que como ciudadanos saldríamos ganando. Entre tanto, ni perdono ni olvido que el PP, Vox y Junts han votado juntos 8 veces en esta legislatura contra decretos con medidas sobre viviendas y otras tantas reformas sociales. Esto es, a favor de los que desahucian abuelas, minusválidas, de 87 años para que mueran de pena en la camilla de un hospital… Justo es que uno desee que padezcan el mal que causan a los demás.

Vicente M. Pérez Guerrero
Profesor de Secundaria de Geografía e Historia

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