El domingo 12 de abril de 2026 (fecha cercana al día de la República) se celebró en el cementerio de Trigueros un sencillo y emotivo acto de reconocimiento a los fusilados que yacen en la fosa común de dicho cementerio. Allí hay personas de Trigueros, del vecino pueblo vecino de Beas, de Calañas, de Nerva, de Moguer y de El Campillo (todos de la provincia de Huelva), desde un niño de 12 años hasta otros hombres de 47 y 48 años, con la mayoría de veintitantos y treintaitantos años. Se inauguró un monolito con los nombres, edades y fechas de fusilamiento de quienes están en la fosa común, que se ha colocado junto a otro monolito anterior más sencillo y con texto más genérico que se había colocado en 2014. La iniciativa y la gestión de todo ha corrido a cargo de la Agrupación Local de Trigueros del Partido Comunista de España, que consiguieron tanto la autorización del obispado de Huelva (pues el cementerio no es municipal sino parroquial) como del Ayuntamiento de Trigueros (gobernado por el PP), que ha financiado la obra.
Fue un acto muy emotivo (grabado por la televisión local), en el que hubo una presentación y contextualización de la iniciativa (por parte de Pedro Castilleja), una reseña histórica sobre los hechos que dieron lugar a los fusilamientos (texto de Miguel Ángel Harriero),
una intervención (de Francisco Florentino García Pérez, nieto de uno de los fusilados, Florentino Pérez Caballero, de Beas) en nombre de los familiares, lectura de poemas, nombramiento en voz alta de los enterrados en la fosa, depositando una rosa roja por cada uno, así como de todos las personas de Trigueros que yacen en fosas de otros pueblos, y depósito final de ramos de flores.
A continuación, la mayoría de los asistentes se trasladaron al monolito dedicado al último alcalde republicano de Trigueros (Francisco Garrido Pérez, conocido como “el Sastre”) en el parque municipal, donde hubo también un acto de homenaje y recuerdo. Las actividades acabaron en una copa compartida por los y las asistentes, con invitación de los organizares.
Una jornada de memoria, de reconocimiento y de reparación (aunque sea mínima) para quienes merecen, además, verdad y justicia, como se recordó en las diversas intervenciones.
A continuación, se recoge la transcripción de las palabras de Francisco Florentino García Pérez, que habló en nombre de los familiares.
“Estoy orgulloso de representar a las familias de quienes están aquí, no solo de Beas sino de todos los pueblos que están aquí presentes.
Cuando asesinaron a los 16 hombres de Beas sus viudas reunieron el dinero que pudieron, hicieron un monolito y lo plantaron aquí. El cura de Trigueros, que era hijo de Beas, mandó derribarlo. Como el operario se daba un poco de lentitud, él mismo se arremangó la sotana y terminó derribándolo. Extraña interpretación de lo que era el cristianismo, ¿verdad?…
El borrado de la memoria -al que habéis hecho referencia- fue una de las características de la dictadura, desde el primer momento, desde antes de la rebelión militar. Ya las “instrucciones” del general Mola, de mayo y junio de 1936, establecen con claridad lo que había que hacer: sembrar el terror y borrar la memoria. Franco llevó a cabo luego eso con mucha más exquisitez que Mola (Mola murió, además, ¿no?). El borrado de la memoria ha tenido no solo la dimensión física de eliminar a quienes pudieran tener alguna relación con ideologías de izquierda, sino que hubo muchas otras dimensiones, como sabemos, de robo de niños, de reclusión de las mujeres que se suponía que podían tener el “gen rojo”, como Vallejo Nájera, el famoso psiquiatra del régimen, se encargó de “fundamentar científicamente”, ¿no?
Ese borrado duró muchos años y tuvo su continuación en el olvido. El olvido, de toda la época del franquismo, que consiguió que se pensara que era mejor dejar borrado todo, dejar…, mirar hacia adelante, sin mirar al pasado; y ha calado tanto en nuestra sociedad y en nuestra cultura que la equidistancia y el mirar al futuro y olvidar el pasado ha terminado siendo un rasgo de la cultura del franquismo, un rasgo que ha continuado y que podemos seguir viendo hoy: es mejor olvidar, es mejor seguir adelante, ¿para qué remover los huesos de los abuelos?… Eso lo seguimos oyendo hoy. Es terrible hasta qué punto se empapa la cultura de lo que el franquismo quiso que fuera; y ahí perduró el franquismo. O sea que lo de “atado y bien atado”, ¿eh?, ha tenido esa dimensión. La Transición, de alguna manera, quizás sin quererlo, pero equivocadamente, ha continuado ese proceso con un olvido también, olvido supuestamente como búsqueda de la reconciliación. Y hubo que tardar mucho tiempo, hubo que esperar mucho tiempo a que se empezaran a remover las cosas. Casi 80 años después se hizo otro monolito, que tenía como fondo la bandera republicana, y que, al ser vandalizado, hubo que cambiar por este fondo blanco, como bien sabéis. O sea, que las cosas llegan hasta hoy. No hace tanto que en el cementerio de Isla Cristina se ha vuelto a vandalizar, no hace ni un mes, los nombres de otro monolito donde estaban enterrados…, es decir, estamos viviendo con esto…
Por eso, es muy de agradecer, Pedro [Castilleja] y compañeros de Trigueros, que hayáis tomado esta iniciativa y que les pongamos nombres a quienes ahora nombraremos, a quienes están aquí, y sobre los cuales hemos construido lo poco que se ha podido construir después de la imperfecta democracia. Esto es recuerdo, esto es memoria y esto es un mínimo de reparación; así que hay que agradecer a quienes lo han hecho, y faltan las otras dos patas, que son la verdad y la justicia, además de la reparación. La verdad la están estableciendo los historiadores, como Miguel Ángel [Harriero], porque solo sobre la verdad se puede construir una democracia, no podemos construirla sobre una memoria amputada, sino sobre la verdad; y la justicia queda pendiente, queda pendiente. Hay que seguir luchando; ahora lo estamos haciendo la generación de los nietos; aquí está mi prima Pilar, que es nieta también, y está mi sobrino Jordi (que está grabando), que es bisnieto. Creo que va a quedar en sus manos, va a quedar el testigo de lo que las hijas y los hijos de quienes están aquí, como mi abuelo Florentino, no pudieron conseguir.”
Lo siento por haber hablado así [entrecortadamente por la emoción], pero… “
Francisco F. García Pérez, profesor jubilado de Ciencias Sociales