Patriotas de campanario

SECCIÓN PROBLEMATIZANDO EL PRESENTE

Cuanto más pienso en todo el panorama de las cosas a tener en cuenta para encarar debidamente la cuestión ceutí, más me admira la ligereza con la que algunos afrontan lo pasado a finales de julio en la ciudad española y norteafricana. Desde el hondón de mi ignorancia, me entra incluso una risa insufrible y enrabietada al oír las ocurrencias de cuantos convierten la indignación en instancia argumentativa. Porque la ostentación de españolez de estos últimos días podrá hacernos confraternizar con la tribu tirando del repositorio de esencias patrias, fundirnos en una bandera rojigualda kilométrica, gritar a todo trapo: ¡viva España!, pero nada de esto servirá para comprender las fuerzas que determinan la situación. Con razón se podrá tildar a Sánchez de medroso, incapaz y agarrotado por la irresponsabilidad de querer de contentar a quien nunca se va a dar por contento, pero dudo que culpar al presidente del gobierno de «traidor a la patria», amén del consabido «hijo de puta», ayude en algo a hacer el bien. Más que la carestía de argumentos, lo peor es la hipocresía de cuantos disfrazan la real impotencia argumentativa con retórica patriotera.

«el patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos»
– Fernán Gómez evocando palabras de Gila

Así, por ejemplo, haciendo gala de una dosis intolerable de fariseísmo sin disimulo, Jiménez Losantos, el más lumbrera de la prensa del Movimiento Nacional, llegó a confesar en la radio que dirige que los servicios de inteligencia –los espías- de Marruecos le facilitan información de forma periódica. A cambio, tal y como también reconoció, su familia disfruta habitualmente de vacaciones gratis en hoteles de lujo del país alauí. No en vano Bergamín decía que «detrás de un patriota hay siempre un comerciante», pero se me escapa la clase de mecanismo psicológico que consigue convertir a semejante sinvergüenza en santo para las masas. Hay que reconocer cuánto acertó Gila, según gustaba recordar Fernán Gómez, al afirmar aquello de que «el patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos». Como fuere, lo cierto es que los divos del patriotismo de campanario han sido capaces de aglutinar transversalmente a todas las derechas –incluso a una parte de las izquierdas- en torno al odio a Pedro Sánchez. Ya sea convertido en animal («perro»), en el chivo expiatorio al que se le atribuyen todos los males del país, ahora en el mayor traidor de la patria al alentar el paso del Estrecho a la morisma, como lo hiciera el conde don Julián allá por el 711.

«la inmigración supone un paralelismo con los fascismos de entreguerras»

Y ya puestos a poner a dialogar el pasado con el presente, advertir sobre cuánto la inmigración supone un paralelismo con los fascismos de entreguerras, que discurra ahora también en la misma matriz retórica del relato de la «invasión» la representación de los migrantes como una «horda» que amenaza la seguridad, la pureza de la patria o la sangre.

Vicente M. Pérez Guerrero
Profesor de Secundaria de Geografía e Historia

                                 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.