¿PRESUMIR O EL DERECHO A TOMAR LA PALABRA?

“A la calle que ya es hora

de pasearnos a cuerpo

y mostrar que, pues vivimos, anunciamos algo nuevo”

Gabriel Celaya, España en pie.

¡Yunques sonad; enmudeced campanas!

Antonio Machado. A Don Francisco Giner de los Ríos

DRAE

presumir

Del lat. praesumĕre.

1. tr. Suponer o considerar algo por los indicios o señales que se tienen.

2. intr. Mostrarse muy orgulloso de sí mismo o de sus cosas.

3. intr. Preocuparse mucho del aspecto propio para parecer atractivo.

Una imagen de la grabación del programa REDES DICE RADIO en el CEIP Purísima Concepción de La Algaba el pasado 15 de Marzo.

En el programa número ochenta de REDES DICE RADIO que REDES viene desarrollando en Onda Capital los jueves cada dos semanas, sin interrupción desde abril de 2018, y que por primera vez realizamos desde un centro educativo, concretamente el CEIP Purísima Concepción del sevillano municipio de La Algaba, la Jefa de Estudios del mismo, al hilo de una pregunta sobre la escasa voz con que se publicitan las buenas prácticas educativas que llevan a cabo los centros públicos, comentó literalmente: “Nos hace falta tiempo hasta para presumir; es que no tenemos tiempo para eso, lo dedicamos todo a la escuela, no paramos de hacer cosas…”. Estas palabras han estado rondando por la cabeza y las conversaciones de los que hacemos estos programas de radio porque evidencian algo que sabemos de siempre y que nos duele profundamente, y no es sino la desigualdad de trato que reciben por parte de los medios las prácticas en los centros públicos con respecto a las que se realizan en los privados, ya sean los puramente privados  o aquellos otros concertados y pagados con fondos públicos; y mientras que de éstos se habla para ensalzar sus realizaciones, directamente pedagógicas o de carácter cultural, social o deportivo, de los otros, los públicos, las escasas noticias sobre ellos  suelen hablar de conflictos o situaciones no deseables. Esta dualidad de discursos forma parte también de la conformación de la desigualdad que crece en nuestras sociedades y que, lógicamente, se construye y se refleja en el sistema educativo marcando de forma diferenciada a los centros escolares.

Pero esto que hemos señalado, siendo importante, no deja de ser el producto de una mirada sobre la escuela que, por potente que sea a la hora de conformar el imaginario colectivo, es externa o ajena a la misma. Lo que realmente nos preocupa es lo que se desprende de las palabras de Raquel, la Jefa de Estudios del CEIP Purísima Concepción porque no es sólo que sea una mirada desde dentro sino que constituye la expresión de cómo percibe el quehacer educativo alguien que, nos consta, lo lleva a cabo con profunda dedicación y eficacia y dentro de un grupo cohesionado en torno de unos objetivos comunes y compartidos. La humildad, permítanme la expansión, es una cualidad que se induce en los pobres como positiva -una virtud, dicen- mientras que en “los triunfadores” se percibe como un signo de debilidad, y esto es algo que debería darnos pistas.

Somos conscientes de las muchas y buenas prácticas que se realizan en los centros públicos y REDES, a lo largo de sus veinticinco años de existencia, ha dedicado buena parte de sus actividades a reconocerlas y darlas a conocer al profesorado. Creemos que el carácter público de los centros añade un plus de dificultad a las tareas que en ellos se llevan a cabo aunque sólo fuera por el simple hecho de que allí no se rechaza a nadie venga de donde venga y en las condiciones que lo haga, o por estar situados justamente en aquellas zonas en las que la iniciativa privada no ve “oportunidad de negocio”, o por el sistema de provisión de sus profesionales que dificulta enormemente una tarea educativa de forma compartida y continuada, o por la separación por niveles de los centros  que impide una escolarización única desde infantil a la post obligatoria…; y, pese a lo expuesto, en estos centros se llevan a cabo proyectos de inclusión, de innovación, de solidaridad,…, que en muy escasas ocasiones son resaltados y publicitados para darlos a conocer y otorgarles la importancia y el reconocimiento de que son dignos acreedores.

Estamos convencidos de que lo que hacemos las gentes que nos dedicamos a la enseñanza en centros públicos es importante, incluso muy importante, y es la razón por la que reclamamos el derecho y la obligación de “presumir” de ello, sobre todo en la segunda acepción que le da el Diccionario de la RAE: “Mostrarse muy orgulloso de sí mismo o de sus cosas” aunque bien pudiera ser, también, en la tercera: “Preocuparse mucho del aspecto propio para parecer atractivo”, dicho esto último más, casi, como una obligación en una sociedad que se enorgullece de ser “de mercado”.

Y es que creemos que la tarea de la escuela no empieza y termina entre las cuatro paredes de un aula ni entre los muros de un centro ya que ni se origina allí ni puede ni debe quedar allí confinada. El conocimiento, como aseguraba Newton – “Si he visto más, es poniéndome sobre los hombros de gigantes” – es una construcción social que se desarrolla históricamente y lo mismo ocurre con los mecanismos para su transmisión de los que la escuela forma parte, de manera que no puede ni debe renunciar al legado que recibe ni al acrecentamiento de las formas para su difusión y distribución que en ella se generan. Ninguna de estas dos tareas puede quedar al albur de las comunicaciones ocasionales entre los profesionales de la misma, sino que deben estructurarse de forma ordenada para ser sometidas a discusión, crítica, experimentación y difusión y es por ello que creemos que debemos presumir, y bien, de lo que hacemos porque ni lo hemos inventado completamente ni tenemos que guardarlo sólo para nosotros, por muy “normal” que nos parezca. Tomo prestada del hermoso libro Con trozos de tiza del amigo y compañero Manuel Martín Correa una cita de Juan José Téllez que me parece esclarecedora al respecto, dice así: “Vivir es una forma de entender el mundo, escribir es una forma de entender lo que vives”. Y eso, como reclama también Manuel Martín Correa, es lo que los enseñantes habríamos de hacer sistemáticamente: escribir sobre lo que hacemos porque ello nos ayudaría a nosotros, encontrando el sentido de nuestra “hacienda más allá de la estructura” y a los demás para que lo narrado los anime a continuar pensando y haciendo.

Portada del libro de Martín Correa citado en el texto

Y hay aún otro aspecto de este “presumir”-un contar a otros y contarnos a nosotros mismos- que no quisiera que se quedara por decir y que tiene que ver con la apropiación del sentido de lo que hacemos, del por qué, del para qué y del cómo. Las acciones de las personas en su intervención social son siempre simbólicas y, por ello justamente, están significadas, cargadas de sentido, un sentido que no es esencialista, que no está indefectiblemente ligado a la acción en sí misma, sino que tiene que ver con la intencionalidad y el capital social y político, dicho esto último en el mejor sentido, de los agentes que la ejecutan, con el crédito que estos agentes poseen en el entramado de las relaciones sociales. Hay ocasiones que bien por dejadez, o por cansancio, o por no ser conscientes de las repercusiones y significados de sus actos, los agentes sociales se abstienen de explicitar la justificación e intencionalidad de su acción, de manera que ésta queda expuesta a una apropiación ajena que la dotará de un sentido espúreo dictado por intereses distintos, cuando no abiertamente contrarios, a los originales. Esto que decimos suele suceder a menudo en la escuela pública como escenario de buenas prácticas educativas que, por los motivos expuestos o por una deliberada ocultación o tergiversación de los medios, quedan como meras anécdotas aisladas en el mejor de los casos o provistas de un sentido que nada tiene que ver con su carácter inclusivo y universal justamente por llevarse a cabo en centros públicos. Magistralmente lo expresó Pierre Bourdieu en su libro La distinción, libro que nos explica mucho y bien algunas de las dinámicas sociológicas que ocurren entre enseñanza pública y privada -: «La propensión a tomar la palabra es estrictamente proporcional al sentimiento de tener derecho a la palabra». Reivindicamos, pues, el derecho a tomar la palabra de la escuela pública y sus protagonistas.

Portada del libro de P. Bourdieu citado en el texto.

Somos conscientes de que esta lucha, esta pelea, contra la enajenación, orquestada y estructural, que sufrimos los docentes de la pública respecto de nuestra agencia, de nuestras prácticas, con frecuencia incluso desde los propios gestores o administradores de lo público, es una carga más sobre la ya extensa lista de nuestros cometidos. Pero también somos conscientes de que sólo nosotros sabemos por qué hacemos lo que hacemos y hemos de hacerlo llegar al resto de los agentes educativos, profesorado, familias, alumnos, administración educativa y sociedad en general pues de no hacerlo siempre habrá quien lo haga por nosotros porque se crea con más derecho a ello y no con las mejores intenciones.

La educación, en tanto que es susceptible de proveer a los sujetos sociales de instrumentos para la comprensión y crítica de sí mismos y sus entornos a fin de mejorarlos o cambiarlos llegado el caso, está dotada de un altísimo contenido político y, justamente por ello, no admite vacíos de poder, así que animamos a todas y todos los docentes de la enseñanza pública a presumir, tomando la palabra, de lo mucho y bueno que se realiza en nuestras aulas.   

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