Memoria

Durante mucho tiempo hemos estudiado la memoria para favorecer el aprendizaje, desde la etapa de educación infantil a la universitaria. También hemos estudiado la memoria desde el punto de vista del recuerdo de vivencias en el tiempo, pero no así desde el enfoque para prevenir su deterioro. Ahora, en una sección de educación permanente (SEP), me encuentro con personas que demandan trabajar con la memoria para evitar su posible pérdida; es como si quisieran mantener el coche a punto, en las mejores condiciones de competición, pero sin presentarlo a ninguna carrera.

Las enfermedades neurodegenerativas son un temor constante en la población adulta, ya jubilada y con cierta edad. Los demás mortales tenemos otros temores, diversos y variados. En los talleres de memoria que impartimos en el SEP Manolo Collado de Sevilla, el alumnado nos traslada su temor a perder la cabeza (como ellos y ellas dicen) y nos plantean dos cuestiones recurrentes: por qué soy capaz de acordarme de lo que sucedió hace muchos años y no recuerdo lo que cené ayer, y además, por qué se me olvida lo que he decidido hacer hace un momento, y me encuentro delante del refrigerador sin saber por qué.

Se continúa estudiando las causas de la enfermedad de Parkinson y, mientras los científicos llegan a nuevos descubrimientos, todos están de acuerdo con que una vida sana y activa es la mejor prevención contra la enfermedad. Como dicen los genetistas: el código postal mata más que el código genético.

Respecto a la cuestión de por qué me acuerdo de lo sucedido años atrás y no de lo más cercano, hay varias explicaciones, pero nos quedamos con la de mayor sentido común. Uno se acuerda de cómo aprendió esto o aquello, lo que hizo en un viaje o lo que le dijo un amigo, porque cada vez que lo cuenta es tanto un repaso como una reconstrucción del hecho. Y todos sabemos la importancia que tiene el repaso para almacenar las vivencias y los aprendizajes. Además, tanto en el momento que sucedió como en el momento que lo cuenta o lo rememora, se despiertan emociones en el individuo, algo fundamental para el recuerdo.

La información sensorial que recibimos puede pasar a la memoria a corto plazo y a la memoria de trabajo en función de la atención que le prestemos; y de ahí a la memoria a largo plazo con base en el trabajo que realicemos con esa información (esquemas, repeticiones, reconstrucciones, etc.). El libro de Baddeley, A; Eysenck, M.W.; Anderson M.C., (2020), Memoria, hace un repaso de la temática añadiendo a los conceptos ya citados el aprendizaje, la memoria episódica, la memoria semántica, el olvido, la recuperación, la memoria autobiográfica, la prospectiva, de testigos, la memoria de los niños y el envejecimiento entre otros capítulos. Así, como dicen los autores: el objetivo del libro es presentar, de forma resumida, lo que se sabe actualmente sobre la psicología de la memoria.

La obra en cuestión “Memoria” es un libro que recorre las principales investigaciones que se han realizado sobre la memoria desde Ebbinghaus (1850-1909) hasta la actualidad, poniendo énfasis en las últimas décadas. Es un libro exigente, pero necesario. Un libro que precisa de una lectura atenta y con vistas a ser utilizado por los y las docentes, bien en talleres de centros de adultos o trabajos sobre la memoria orientados al aprendizaje escolar. Quien busque un sencillo manual aquí no lo va a encontrar.

Es necesario, de vez en cuanto, sacar a la luz libros de este tipo para constatar que los maestros y maestras también consultan investigaciones de este calado para preparar sus clases. Y ya que hemos hablado de la atención, como mecanismo selectivo de la información sensorial para dirigirla hacia la memoria a corto plazo, citaremos también la obra de Bruno Patino (2020), La civilización de la memoria de pez: pequeño tratado sobre el mercado de la atención. En este pequeño ensayo el autor cifra en nueve segundos la capacidad que tenemos los humanos de mantener la atención en el mundo contemporáneo, generando así una economía capitalista de la atención.

Las dos portadas de ambos libros son muy sugerentes. En una aparece un elefante, haciendo referencia a la legendaria memoria de este paquidermo frente a un pez. Y en otra, un sencillo pez de colores solo, con su reducida memoria. Aunque ellas no se lo crean, las personas que asisten a los centros de adultos (con su adecuado entrenamiento) tienen mayores posibilidades que los jóvenes de sacarle más partido a la memoria, sencillamente porque nacieron en un tiempo donde se prestaba más atención, algo básico para memorizar. Ya le iremos contando.

Francisco José Mariano (@fmarianoromero). Maestro y socio de Redes