Bandera de nuestros padres

Me dicen que han publicado fotografías de niños pintando senyeras esteladas en alguna escuela. No me lo creo. No es propio de maestros. Me señalan que hay menores acompañando a progenitores con enseñas de saldo oriental en concentraciones donde se anima a gritos a laminar al contrario. No me lo creo. No es propio de padres. Me comentan que en algún centro educativo hay profesores que han increpado a alumnos por las culpas de sus padres. No me lo creo. No es propio de gente de bien. Me informan de que hay aulas en institutos con banderas nacionales acompañadas de consignas militares. No me lo creo, es impropio de una España del siglo XXI.

Si tuviera que creerme algo de todo lo anterior, tendría pesadillas pardas o azules, que igual da. Que igual dio. El centro educativo lo es porque cataliza con instrucción y educación (o, al menos, lo intenta) las agresiones y violencias que germinan en los corazones de la Sociedad. No es sitio de silencios vergonzantes, amenazados o resultado del pavor o del pensamiento correcto. La escuela es lugar de mucho debate, de investigación sobre la historia de Catalunya y de España, tanto de sus encuentros como de sus desencuentros; es el recinto para conocer las bases de los nacionalismos (centrífugos y centrípetos) y establecer semejanzas y diferencias con otras geografías, con otras épocas; es el espacio para averiguar cuáles son las aportaciones que hace la comunidad autónoma a la nacional y la nacional a la autónoma. Pero sobre todo es el foro para valorar críticamente cómo se comportan los ciudadanos cuando desaparece el debate, la investigación, la comprensión y la crítica.

Si no fuera así incluso la mejor escuela se convertiría en otra iglesia cuyas verdades inmutables se sumen en el silencio, en una institución de aspecto circunspecto que desconfía de la luz del día, en un edificio aseado, pulcro e higiénico, donde entre estandartes de evaluación y de resultados PISA unos alumnos botarates esperan su turno para lanzarse a la yugular de la bandera enemiga.

Publicado en el Boletín REDES DICE nº 101 de octubre de 2017