Una obra monumental para el conocimiento científico del hecho religioso

Una educación laica, libre de todo adoctrinamiento, y una escuela pública que no ceda su valioso tiempo lectivo a la catequesis, por desgracia, no están en el horizonte inmediato. Tampoco lo está reconocer la conveniencia de un conocimiento objetivo y científico del hecho religioso, conocimiento integrante de toda formación que se precie de serlo.

A ese conocimiento, sobre todo en lo que a la formación del profesorado se refiere, contribuiría no poco el hecho de que el panorama bibliográfico del estudio histórico sobre el origen y formación del cristianismo se ha visto notablemente enriquecido con la aparición de la “ópera magna” del profesor Antonio Piñero Los libros del Nuevo Testamento. La obra -sin parangón en el panorama internacional, pues solo existen estudios parciales coordinada y realizada en su mayor parte por el profesor Piñero
consiste en la traducción a partir de los textos griegos, lengua en la que originariamente fueron escritos, de todos y cada uno de los 27 libros que componen el Nuevo Testamento; cada uno de ellos precedido de un amplio estudio histórico, teológico, filológico… que ayuda a contextualizar y entender su significado, qué pretendía comunicar su autor y el sesgo teológico del grupo al que va dirigido.

Es un acierto la presentación del texto neotestamentario en perícopas (pequeños pasajes del texto) con
sus correspondientes notas a pie de página que, en promedio, como mínimo quintuplican en extensión el fragmento a explicar y que en no pocos casos nos deparan la sorpresa de desvelarnos un significado distinto al que tradicionalmente se trasmite. Igualmente, lo es presentar los libros ordenados, además de por criterios temáticos y de supuesta autoría, cronológicamente hasta donde la precisión lo permite. Este inocente detalle pone de manifiesto que la forma usual en la que se edita el Nuevo Testamento induce al lector a pensar que las obras primigenias son los 4 evangelios y el resto de los libros desarrollo del contenido de estos, cuando en realidad lo son las 7 cartas auténticas de Pablo de Tarso, escritas, en el caso de la primera, entre 20 y 50 años antes que los relatos evangélicos.

Que a este autor se le atribuyan más de la mitad de las obras que componen el Nuevo Testamento –
14 en total, aunque 7 cartas sean pseudoepigráficas- pone de manifiesto una clave fundamental para entender su significado: que tanto el conjunto como cada uno de los libros que lo forman asumen los planteamientos teológicos paulinos, y expresa el triunfo de esta corriente en un cristianismo pluriforme y en formación, en el que su matriz judeocristiana acaba siendo un vestigio.

En resumen, una obra monumental que merece el reconocimiento del trabajo de investigación llevado a cabo por sus autores y, cómo no, su lectura.

  • A. Piñero (ed.), . Traducción y comentario (con la colaboración de G. del Cerro, G. Fontana,
    J. Montserrat y C. Padilla), Ediciones Trotta, Madrid, 2021, 1625 págs.

Aquí se puede ver una amplia presentación del libro por su autor en Madrid.

Práxedes Caballero Rísquez
Catedrático de Filosofía de Educación Secundaria
y socio de Redes