{"id":909,"date":"2024-05-26T15:50:00","date_gmt":"2024-05-26T13:50:00","guid":{"rendered":"https:\/\/www.asociacionredes.org\/revista\/?p=909"},"modified":"2024-05-26T17:55:21","modified_gmt":"2024-05-26T15:55:21","slug":"anarcocapillitas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.asociacionredes.org\/revista\/2024\/05\/26\/anarcocapillitas\/","title":{"rendered":"ANARCOCAPILLITAS"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Corr\u00eda el a\u00f1o 1977 o tal vez era 1978; era Semana Santa; no recuerdo el d\u00eda; s\u00ed de que estaba sentado con algunos amigos en un velador de la calle San Jacinto; ser\u00edan las seis o las siete de la tarde, anocheciendo; sobre la mesa habr\u00eda seguramente caf\u00e9s o cubatas. La poca gente que hab\u00eda en la calle parec\u00eda indiferente a la fila de nazarenos de una cofrad\u00eda que se encaminaba hacia el puente de Triana; hac\u00eda bueno, incluso calorcito; seguramente oler\u00eda a azahar y a incienso; alg\u00fan ni\u00f1o extender\u00eda la palma de la mano para recoger cera o reclamar un caramelo al encapuchado. Nos separaba del cortejo poco m\u00e1s de un metro y nadie se interpon\u00eda entre nosotros y un paso que se acercaba: deb\u00eda de ser un paso de cristo porque no le segu\u00eda una banda de cornetas y tambores. Se oir\u00eda, eso s\u00ed, la sorda cadencia de los costaleros arrastrando sus alpargatas bajo el peso del tinglado; tambi\u00e9n la voz paternal del capataz conduciendo a sus hombres por el camino m\u00e1s recto. Al pasar el se\u00f1or o el misterio, no recuerdo, uno de nosotros, grit\u00f3 a los esforzados: \u00a1Qu\u00e9 hac\u00e9is ah\u00ed debajo, si sois de Comisiones Obreras!<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ha pasado casi medio siglo de aquel d\u00eda; desde entonces para ac\u00e1 ha seguido oliendo a azahar y a incienso cada Semana Santa y el rito procesional se repite invariable un a\u00f1o tras otro. La gran diferencia, m\u00e1s que evidente, es que aquel evento casi irrelevante de entonces se ha convertido en un fen\u00f3meno de masas que trasciende incluso el episodio puntual y, de forma exponencial, vertebra la sociedad sevillana y andaluza las cuarenta y ocho semanas del a\u00f1o. La sociabilidad transversal y democr\u00e1tica del tardo franquismo manifestada en la afiliaci\u00f3n a sindicatos, asociaciones vecinales o culturales ha sido en gran parte sustituida por una proliferaci\u00f3n de \u201chermandades\u201d de penitencia o de gloria que invaden las calles, destilan jerarqu\u00edas y sustituyen las aspiraciones sociales de las clases populares por prestaciones clientelares o ben\u00e9ficas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde su origen en la Baja Edad Media hasta hoy las hermandades de Semana Santa han sido y siguen siendo entidades organizadas por las \u00e9lites sociales para el control y disciplina de la sociedad; entonces por los se\u00f1ores de la frontera con Al Andalus; incluso las cofrad\u00edas gremiales estaban bajo la advocaci\u00f3n de una talla bendita, pero tambi\u00e9n de un arist\u00f3crata. En el siglo XIX, fueron protagonizadas por sagas burguesas, mercantiles e industriales, muchas for\u00e1neas, que quer\u00edan hacerse un sitio preeminente en la gobernanza de la ciudad; desde hace unas d\u00e9cadas, por una mesocracia ligada a los negocios de cortos vuelos en el mercado local.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ni qu\u00e9 decir tiene que, en cada uno de esos momentos, el fen\u00f3meno cofrade ha sido inequ\u00edvocamente conservador, incluso reaccionario; en el siglo XVIII se opusieron a las reformas ilustradas de Carlos III, se situaron junto a Fenando VII contra el liberalismo; organizaron la protesta contra la II Rep\u00fablica, y hoy se incita desde la Junta de Andaluc\u00eda a que los ni\u00f1os y ni\u00f1as de colegios p\u00fablicos visiten iglesias, se disfracen de legionarios y organicen procesiones. No hay m\u00e1s que rascar un poco para descubrir que, en todas las \u00e9pocas, debajo de esa parafernalia embriagadora de olores y sonidos se esconde una lucha de clases desde arriba, un combate ideol\u00f3gico y simb\u00f3lico utilizado por las \u00e9lites y los jerarcas cofrades como arma para la defensa de sus intereses particulares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No descubro el Mediterr\u00e1neo si digo que la Semana Santa, antes no, se ha convertido en un fen\u00f3meno popular. Enhorabuena a los organizadores. Mis cr\u00edticas van dirigidas a esa parte de la izquierda que, por razones est\u00e9ticas, culturales, evocadoras, olfativas, sensuales, musicales, etc., ha hecho dejaci\u00f3n de funciones dejando al pueblo gregario en olor de mesocracias, ha permitido que la derecha monopolice el capital simb\u00f3lico andaluz. Nada tengo en contra de las emociones colectivas, de que los vellos se pongan como escarpias cuando en medio de la multitud se abra paso la virgen favorita, de que los j\u00f3venes busquen y encuentren amor en la bulla, o que la juerga siga de madrugada. Lo que critico es que la izquierda andaluza no haya sabido distinguir entre la pompa, los sentidos y la trampa. Se ha llegado al extremo de definir la idiosincrasia cofrade de izquierdas como anarco-capillismo, de que los progres se identifiquen algunos como anarco-capillitas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No voy a referirme a lo que los anarco-sindicalistas de 1919 o 1920 hicieron o quer\u00edan hacer con algunos pasos; menos salvajes fueron las pintadas durante la Rep\u00fablica en las que se pod\u00eda leer: \u201cmenos Semana Santa y m\u00e1s trabajo\u201d. Creo que el anarquismo, al menos por ser fieles a su memoria, merece un respeto. A nadie se le pide que renuncie a sus recuerdos, ni a sus emociones ni a sus orientaciones sexuales; lo que s\u00ed me permito sugerir a los anarco-capillitas es que pongan en pr\u00e1ctica una hoja de ruta que pasara, por ejemplo, por favorecer el sufragio y la democracia en los consejos de las hermandades arrebatando la representaci\u00f3n a los mercaderes, por cuestionarse si sigue siendo necesario que las hermandades rindan pleites\u00eda a las autoridades sociales, pol\u00edticas y eclesi\u00e1sticas en la carrera oficial, por proponer auditor\u00edas independientes para ver si es oro todo lo que reluce, por plantear que en las procesiones haya varas para todos y todas, o que varas, estandartes y cirios se sorteen de manera que una verdadera hermandad sustituya al clientelismo clasista que hoy perdura. Mientras no se planteen cosas como estas, pensar\u00e9 que est\u00e1n contribuyendo a reproducir y ensanchar un modelo malsano de ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Carlos Arenas Posadas, Profesor de Historia e Instituciones econ\u00f3micas de la Universidad de Sevilla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Corr\u00eda el a\u00f1o 1977 o tal vez era 1978; era Semana Santa; no recuerdo el d\u00eda; s\u00ed de que estaba sentado con algunos amigos en un velador de la calle San Jacinto; ser\u00edan las seis o las siete de la tarde, anocheciendo; sobre la mesa habr\u00eda seguramente caf\u00e9s o cubatas. 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