Las desvergüenzas que sostienen la escuela concertada.

Conociendo que existen excepciones honrosas y necesarias, el gran peso de la enseñanza concertada se mantiene gracias a una serie de premisas que se ocultan o disimulan, pero que buena parte de la sociedad conoce, acepta y aplaude.

El primer objetivo de un centro concertado es el lucro. Esconderlo bajo supuestos objetivos educativos o sociales no es otra cosa que una gran mentira. La supuesta libertad busca, exclusivamente, el mantenimiento de los privilegios. En realidad, no es la libertad de elección educativa de las familias lo que se defiende en manifestaciones y propagandas. Es la libertad de los centros para elegir a las familias, en función de su capacidad económica y la capacidad intelectual de sus vástagos.

Y todo eso no en un ejercicio de libre mercado, como los centros privados, sino siempre subvencionados con dinero público. Por cierto, cada vez con más desvergüenza e impunidad (regalos de terrenos públicos, obras y mejoras que no competen a las administraciones, subvenciones varias…) y con la complicidad y connivencia de algunos partidos políticos, medios de comunicación y familias. Porque del coste de estas “mamandurrias” nunca se habla públicamente.

Otra premisa que sostiene la enseñanza concertada está constituida por las familias que la apoyan. Ya sabemos que uno de los empeños de muchas de las familias más pudientes consiste en aislar a su prole de la morralla. Por ello opta por la enseñanza privada entendiendo que así no se contagiarán de los desheredados (nunca mejor dicho) y de los “menos capaces”. La clase media, que aspira a parecerse a los anteriores, intenta alejarse igualmente de la chusma. Así, ante su menor poder adquisitivo, florece la enseñanza concertada, siendo la propia administración quien subvenciona la segregación del alumnado.

EL ROTO. Publicado en El País.

Sin embargo, el principal sostén de la enseñanza concertada ha sido y sigue siendo la clase política que ha venido gobernando. Tiene sus razones y baste dos pinceladas. Por un lado, la enseñanza concertada, en primera instancia, le sale a la administración más barata que la pública. Por otro lado, le quita posibles conflictos familiares que en la concertada se soterran, a la vez que maneja a un cuerpo docente mucho más sumiso y dispuesto a apoyar lo que diga quien lo ha puesto allí a dedo, el mismo dedo con el que puede mandarlo a la calle.

Ese menor coste inicial que supone para las administraciones es cubierto, en parte, mediante las “aportaciones voluntarias” que las familias pagan con satisfacción, para asegurarse no una educación de calidad (aunque no haya ni un solo parámetro que valide esa supuesta calidad) sino, fundamentalmente, un cordón sanitario para que en el centro no puedan entrar los menos pudientes o aquellos niños y niñas que tengan problemas intelectuales, sensoriales y actitudinales. Un pequeño detalle, en una gran parte de los centros educativos las aportaciones voluntarias figuran en contabilidades opacas, sin control público ni de las propias familias que aportan los fondos. No importa. El otro componente del menor coste de la enseñanza concertada, y es algo que no suelen subrayar los que defienden el supuesto ahorro, se sustenta en las peores condiciones laborales de su profesorado (más horas lectivas y menor sueldo) sobre todo de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional. En suma, el menor coste se hace a costa de las familias y los trabajadores.

He dicho antes que en principio sale más barata, pero el coste educativo y social del modelo hace aguas y resulta, finalmente, de mucha mayor envergadura para las arcas públicas. Hay modelos europeos con potentes modelos públicos que así lo ponen de manifiesto. De hecho, organizaciones internacionales ya han alertado sobre la gravedad de la segregación que viene alimentando el modelo educativo español. Sin embargo, la administración educativa no mueve un dedo para solucionarlo, todo lo contrario. Ordena a una Inspección Educativa, cada vez más jerarquizada y alejada de la realidad, a cerrar los ojos, a no denunciar las prácticas ilegales, tanto organizativas, como curriculares y económicas que tienen campo despejado en estos centros. Mientras tanto, se dedica a fiscalizar (a veces hasta el detalle más insignificante) a los centros públicos, como si los concertados funcionasen con dinero privado.

Las organizaciones de profesionales no se plantan porque parece que no va con ellas ni con sus reivindicaciones y, salvo honrosa excepción, los sindicatos de clase también miran a otro lado, al fin y al cabo, sus afiliados pueden ser funcionarios o provenir de centros privados y concertados.

En un país donde en una gran masa social ha calado la idea, promovida por los poderosos, de que los impuestos constituyen un cáncer económico, donde el desconocimiento sobre la cuestión educativa y la falta de compromiso político y social con la educación está bajo mínimos y se promocionan, sin el menor rubor, modelos segregacionistas impropios de una democracia, la escuela concertada presenta buenas perspectivas de futuro.

José Luis Lozano Romero
Maestro y Director del CEIP Talhara de Benacazón (Sevilla)

6 comentarios en “Las desvergüenzas que sostienen la escuela concertada.”

  1. Trabajo un centro educativo concertado, mis alumnos y alumnas son de un nivel adquisitivo medio bajo. Tenemos 63 alumnos con nee y ellos son nuestros “niños preferidos” porque son los que necesitan más de nosotros. Nuestro centro es inclusivo y además en nuestra misión principal es la Justicia y la solidaridad. Por tanto, no comparto en absoluto las ideas de este artículo. No se puede generalizar porque se ofende a los docentes que creemos en la educación concertada. Gracias por leer mi comentario

  2. La regla es esa, yo trabaje tb en un centro concertado y era una mafia.
    La enseñanza pública inclusiva, universal y de calidad y el que quiera otra cosa que se la pague de su bolsillo ,mi dinero no debe servir para mantener privilegios.

  3. Me interesa lo que dice, aunque solo lo comparta en parte. El autor habla, generalizando, de la educación concertada, pero no pronuncia ni una sola palabra sobre lo que hacen los docentes, ni para mal ni para bien.
    En concreto, comienza su artículo de esta manera “Conociendo que existen excepciones honrosas y necesarias, el gran peso de la enseñanza concertada se mantiene gracias a una serie de premisas que se ocultan o disimulan, pero que buena parte de la sociedad conoce, acepta y aplaude.” El colegio del que usted habla debe ser una de las excepciones honrosas, que por cierto no hacen más que lo que deben hacer, dar un servicio público sin más aliño, al igual, que hacen los centros públicos por su propia manera de ser.
    No obstante, bienvenidos a la realidad de la sociedad, pero permítame decirle algo al hecho que comenta; “sus niños preferidos”. La sociedad, tal como la entendemos mucha gente que lucha por unos servicios públicos para todas y con calidad, no debería necesitar que existiera centros concertados; estos son una anomalía derivada de una decisión tomada por las administraciones públicas, por razones que el autor cuenta de manera clara.

    Hay otras honrosas excepciones que siguen ahí en el ámbito de la concertada, pero que tienen un perfil de servicio público, incluso por encima de algunos centros públicos, Estos centros no son el objeto de este artículo, el objeto son la inmensa mayoría de centros concertados, que olvidan sus obligaciones de servicio público, como el caso que se cuenta del centro madrileño. Son centros que discriminan como lo hacen los centros privados, pero con una variante, son pagados por el conjunto de la sociedad con sus impuestos y que ,además, tienen “misiones” como centros que no se corresponden con los objetivos generales de la educación.

    Los centros concertados, incluidos el suyo en este caso, tienen misiones que cumplir y esas misiones, muy respetables, no se corresponden con interés general. Me parece muy bien que crean en la educación privada, en cuanto a sus finalidades/misiones, pero háganlo con sus propios recursos, pero si quieren hacerlo con recursos públicos atiendan a sus “niños preferidos” en un contexto inclusivo sin tener que ponerlos como banderas, porque la escuela pública los tienen que atender con todas las consecuencias, sin necesidad de proclamar un paternalismo innecesario.

    Gracias por leer el artículo y comentarlo. Saludos
    José Antonio Jiménez Ramos, socio de REDES

  4. Mis hijas acuden a un centro concertado,como la gran mayoría de colegios del barrio donde vivo. No tengo conocimiento ni sensación de que se haga exclusión de ningún tipo de alumno. De hecho las listas de admisión son públicas en función de proximidad del centro a la vivienda, número de hermanos,etc (criterios aprobados por el gobierno). Veo a la entrada y salida muchos niños con necesidades educativas especiales (una de ellas en la clase de mi hija). El año pasado, después de 3 años organizando verbenas por las propias familias para recaudar fondos, se arregló el patio que llevaba varios años inundandose en invierno.
    Los libros de textos que manejan, son también aprobados por la Junta de Andalucía. Supongo que el contenido se puede “manipular” por el profesorado, pero eso pasa igual en un sentido que ven el otro dependiendo de las ideas de cada uno…
    Por último decir que a lo largo del curso se organizan muchas actividades para recaudar fondos con fines benéficos concretos y bien definidos.
    Y que las cuotas sin efectivamente voluntarias. Conozco padres que no pueden hacer frente a ese gasto,por pequeño que resulte para otras familias y, a las que yo sepa nadie las invitado a irse.
    Para finalizar, yo también valoro la escuela pública de calidad. Ojalá por el barrio hubiera dado con una.
    Un saludo y gracias por leerme

  5. Fantástico artículo que dice verdades como puños y que, como comenta el autor, siguen siendo ocultadas por Administraciones y poderes públicos.

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