LA REFORMA LABORAL. UNA HISTORIA TAN NUESTRA…

PORTADA DE LA NOVELA DE ALMUDENA GRANDES: EL CORAZÓN HELADO
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Digamos que hace unas semanas, al saber de la triste noticia de la muerte de Almudena Grandes, me propuse como homenaje personal a nuestra autora releer su libro “El corazón helado”, para mí su mejor novela o por lo menos la que más me impactó. Tanto por su impulso narrativo, como por su ejemplo cívico encontramos en ella a la Almudena Grandes más narradora y también más ciudadana. “Los novelistas aún aspiran a la totalidad” recuerdo haberle oído decir alguna vez y “El corazón helado” es en muchos sentidos una novela total. Quizás por eso me guste tanto, porque aborda la historia como un contexto que se hace necesario para conocer, de la misma manera que se nos hace necesario el paisaje para respirar. Como ella misma decía, no trata de hechos históricos en sí, sino de la construcción sentimental de esos hechos. Hay una construcción sentimental de la historia como hay también una construcción sentimental del paisaje y a ambos nos agarramos para  sentir y para respirar, para sentirnos vivos… Y también “El corazón helado” nos muestra a la ciudadana más comprometida, más cargada de civismo. Así la recordamos y así la recuerdo también en este reencuentro íntimo con su libro. Será porque releer se parece tanto a recordar que casi de la misma manera que me gusta rememorar los recuerdos de la infancia, me gusta también visitar los libros que leí y que dejaron en mí su huella que ahora descubro en las palabras y frases subrayadas que voy encontrando a medida que leo…

Y digamos también que nunca somos del todo conscientes de las decisiones que tomamos, así que el azar se ha encargado de que releer “El corazón helado” haya coincidido en el tiempo con los acontecimientos y vicisitudes que todos conocemos de las negociaciones parlamentarias del Gobierno de Coalición para sacar adelante la Reforma Laboral en el Congreso. La literatura y la realidad son dos planos que a veces casi se tocan de tanto como se acercan, será por eso que siempre me gustó subrayar las palabras del texto que invitan a una reflexión sobre lo propia realidad. Y las palabras subrayadas en el libro resuenan hoy en mi cabeza a la vez que otras palabras, las que se repiten en las noticias y que acompañan mis reflexiones y mi indignación, se entrecruzan como si quisieran establecer un diálogo constructivo para no dejar de reflexionar. Quizás por eso nunca fue más verdad que ahora, lo que se repetía en las reseñas del libro de que el pasado está siempre presente, de que todo lo que sucedió fuese lo que fuese sucede en el presente…

“Este país, como todos ustedes saben, sin duda, tuvo una vez una oportunidad, así comenzó la primera clase que José Ignacio Carmona me dio en mi vida, la tuvo y se la robaron.”… Quizás porque nunca tuve la oportunidad de que alguien me diera una lección así subrayé aquellas palabras que ya intuían la reivindicación de lo que debía haber supuesto todo el cúmulo de esperanza y entusiasmo que significaba nuestra II República. A veces hasta me parece que es la mejor definición de lo que ella fue y de lo que somos como país: Un país que tuvo una oportunidad y se la robaron. Una historia de frustración, Una historia triste como ya se encargaron de decir los versos de Gil de Biedma: “De todas las historias de la historia/ la más triste sin duda es la de España”…

Se puede pensar que ese encuentro de este país con la historia fue una oportunidad perdida en términos de la gran Historia y también se puede pensar en las oportunidades perdidas en términos de la pequeña historia que tratamos de construir en el día a día. Porque esa historia más pequeñita en relación con la gran historia podría hablarnos de la dificultad de este país para llegar a acuerdos que pudieran romper la dinámica de tristeza y desencuentros a la que pareciéramos estar abocados.

Acuerdo social se ha llamado a la ley de Reforma Laboral. ¿Acuerdo? ¿social? Y casi podríamos refregarnos los ojos para creérnoslo. Acuerdo social sobre el trabajo, para mejorar la vida de los trabajadores. Y quizás deberíamos habernos parado a pensar en le relevancia de eso: de poner el centro de gravedad de la política en el trabajo, no en la ideología, en que lo importante es que la gente pueda tener un trabajo y un sueldo dignos.

“…Siempre se puede no vivir y hacer como se vive, al menos aquí en España, un territorio inmune a la ley de la gravedad, la excepción a la ley de la causa y el efecto, el país donde nadie ve una manzana que se cae de un árbol porque todas están ya en el suelo desde el principio”…

La ley de la gravedad, la ley de la causa y el efecto, la ley del esfuerzo y todas las leyes físicas parecían haberse puesto de acuerdo para negar la triste historia de este país. Por fin, podíamos respirar aliviados después de haber constatado que el esfuerzo de negociación por parte de Gobierno, empresarios y sindicatos había dado sus frutos. Y quizás fue también que todos nos sentimos inundados y seducidos por el entusiasmo de esa ministra que nos hablaba en un lenguaje poco común en la clase política y que parecía decirnos que la realidad se lee y se compadece a veces con el mismo lenguaje que está ahí en los libros, en las palabras subrayadas de los libros que leemos.

“A lo mejor no lo entiendes, es difícil de explicar, pero eso era lo único que les quedaba, la cultura. Educación, educación y educación, decían, era como un lema, una consigna repetida muchas veces, la fórmula mágica para arreglar el mundo, para cambiar las cosas, para hacer feliz a la gente”…

Creo que era eso lo que despertó todas mis simpatías hacia Yolanda Díaz. Hablaba con educación que es tanto como decir que hablaba pensando en la gente, porque pensar en el otro es la manera en que por educación más se les muestra el respeto. Como maestro me siento orgulloso de haber colaborado a que hoy, con todas las reservas de una generalización tan contundente, tengamos la generación de jóvenes mejor preparada de la historia de nuestro país. Así que cuando la veo desenvolverse con tanta personalidad y entusiasmo en ese ambiente tan hostil, difícil y complejo de la política, siento ese orgullo y me acuerdo de sus padres que seguramente serán de mi generación y pensarán lo mismo: educación, educación y educación…

-Reformar el trabajo para darle la centralidad social y política que tiene es defender la democracia… Hemos alumbrado una norma con toda la ambición para que el trabajo sea una fuente de seguridad en nuestras vidas y prosperidad de nuestro país… Y es básico para que nuestro país tenga un horizonte de esperanza…-. Le hemos oído repetir una y otra vez.

Lo que vino a continuación ya lo sabemos. Como en todas las historias tristes apenas sabemos cuando todo empezó a torcerse; como en todas las historias ingenuas quizás no debimos fiarnos del todo de ellas y debimos verlo venir. Así, entre dimes y diretes, entre amagos y desencuentros llegó el día de la votación con el resultado sorprendente que todos conocemos. Un resultado extraño, por la mínima y de la forma más inesperada, que a pesar de lo afortunado deja la herida de una profunda frustración. Porque era una propuesta de acuerdo social llamada a tener un acuerdo mucho más amplio, un acuerdo de país que recuperara la idea de consenso que existía entre los ciudadanos y que se mostraba claramente al señalar a Yolanda Díaz como la líder mejor valorada en las encuestas.

Todos fuimos testigos, fueron sólo segundos, pero los suficientes para retratar la historia de este país. Una historia donde la villanía juega siempre a favor, con las cartas marcadas, en este caso de dos diputados que cambian su voto engañando a todos, con la profusión de aplausos cómplices de la derecha mostrando como dice D. Bernabé que “el entusiasmo desmedido es mal compañero de la coartada”. Una historia que no es normal, que no construye socialmente nada, porque necesita de héroes y milagros, como ha ocurrido esta vez a través del voto equivocado de un héroe al revés.

No. No es suficiente con declarar que al final todo ha salido bien, que la ley ha sido aprobada y que eso es lo que cuenta. No. Me niego a aceptar seguir alimentando esa historia repetida de héroes y milagros, como si no hubiera pasado nada, porque sí ha pasado. Ha pasado que la falta de capacidad de la política para saber leer la realidad y su ombliguismo, han puesto en riesgo todo un proyecto de país, de acuerdo social, de consenso, que. como hemos dicho, colocaba al mundo del trabajo en el centro de gravedad de la política para conseguir mejorar la vida de la gente, que debe ser el principal objetivo de la política, y la propia política no ha estado a la altura…

“En fin, es una historia fea, una historia triste y sucia, una historia española, de esas que lo echan todo a perder”…

En fin, repetimos, una historia fea, triste y sucia que nos ha de servir para reflexionar; ese objetivo que siempre adjudicamos a la historia para a renglón seguido negarlo. Una de esas historias que lo echarán todo a perder, si la izquierda no aprovecha este golpe de suerte para reflexionar profundamente sobre lo que ha pasado. Una reflexión que en palabras de Bernabé dote “de un marco de esperanza y cohesión a la izquierda social, pero hacerlo no con promesas sino con hechos…

¿Por qué no pensar que colocar al trabajo en el centro del debate público, como ha hecho esta reforma, pueda ser el inicio del tan deseado y perseguido cambio de rumbo de nuestra triste historia?

2 comentarios en “LA REFORMA LABORAL. UNA HISTORIA TAN NUESTRA…”

  1. Buenísima reflexión la que aquí haces de lo ocurrido con la aprobación de la RL apoyándote en párrafos de «El Corazón Helado». Curiosamente, también yo decidí releer este libro con motivo de la muerte de Almudena Grandes y me ha vuelto a gustar tanto o más que la primera vez que lo hice. Comparto todo lo que aquí expresas. Enhorabuena!!

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