¡En casa me lo sabía! de Nando López

Si hoy es miércoles, Dolores Álvarez nos invita a leer

No soy muy dada a leer ni cómics ni libros de humor pero con este libro de Nando López «En casa me lo sabía» me picó el gusanillo, quizás por las buenas recomendaciones que iba escuchando en las redes. Me alegro haberme decidido a comprarlo y leerlo porque con él he reído y disfrutado mucho, he visto plasmadas en él situaciones que con frecuencia vivimos el profesorado y que yo personalmente he «padecido-disfrutado» durante 36 años, ahí es nada, como para olvidarme de mi vida docente. También lo he disfrutado como madre y como abuela porque en esas situaciones que se relatan me he visto envuelta más de una vez. «A fin de cuentas, sin el sentido del humor estaríamos perdidos»

«El libro recoge las situaciones cotidianas, pero no por ello menos absurdas y grotescas, que se producen en los institutos y en los hogares en época de exámenes: profes soltando exabruptos inconcebibles por la cantidad de exámenes que tienen que corregir, alumnos que recurren a cualquier artimaña en un último intento de conseguir el aprobado, o padres que se ven obligados a tomar la lección a sus hijos en inglés, por eso del bilingüismo, y se encuentran espeluznados ante Philipp the Handsome y Joanna the Crazy…» (Edit.)

Nando López(1977) es novelista, dramaturgo, doctor en Filología Hispánica y profesor. Entre sus novelas destacan La edad de la ira (finalista del Premio Nadal), Las vidas que inventamos, La inmortalidad del cangrejo o El sonido de los cuerpos. Ha participado en antologías de relatos (Lo que no se dice, El cielo en movimiento) y escrito para jóvenes la novela transmedia Los nombres del fuego o El reino de las Tres Lunas. Como dramaturgo, ha publicado y estrenado Los amores diversos, Cuando fuimos dos, Tour de force, De mutuo desacuerdo o Las harpías en Madrid, esta última estrenada en el XXXIX Festival Internacional de Teatro de Almagro. Actualmente compagina la creación literaria con la educación. En relación con el ámbito educativo ya escribió Dilo en voz alta y nos reímos todos.

Los exámenes han sido un reto en mi vida docente, he querido quitarlos, pero… confieso que no he sabido hacerlo y además, aunque puntuaba otras muchas cuestiones, siempre el examen ha sido una nota que ha ido valorando el aprendizaje del alumnado, a sabiendas de que, en algunos casos, no respondía a la realidad de lo aprendido. Un verdadero martirio en el que nos excusamos el profesorado por tener muchos alumnos y alumnas en las aulas. «…una pesadilla es cómo poner un examen que sea justo y que permita demostrar, de verdad, lo que han aprendido nuestros alumnos»

Desde los tipos de examinadores, cómo poner el examen, las preguntas repetitivas del alumnado, cómo corregirlos, el paseo que les damos al taco de exámenes (para partirse de la risa), el aburrimiento al corregir, las preguntas continuas del alumnado de si los has corregido, las distracciones, la entrega al alumnado en clase… toda una narración que te hace reflexionar y que te mete en el mundillo de esos días angustiosos y estresantes previos a las evaluaciones.

También se analiza al alumnado y sus reacciones frente a los exámenes: los que escriben sin parar, los que amplían o empequeñecen la letra, los que contestan lo que les apetece (sin tener en cuenta lo que se le pregunta), los que te intentan chantajear con emoticonos, los escuetos al responder, los empáticos, los esperanzadores… Toda una clasificación del alumnado que nos lleva a pensar y nos enseña cómo son los adolescentes, incluso en circunstancias de extrema sensibilidad ante un examen o forma de control.

Se siguen analizando situaciones y conflictos que se dan en los exámenes y con los cuales cualquier profesor o profesora puede sentirse identificado, tanto emocionalmente como en lo profesional. El caso es que todos y todas hacemos lo mismo, año tras año, y seguimos tropezando, encontrando los mismos fallos y no se nos pasa ni por la cabeza quitar este tipo de prueba que hace que en algunas situaciones seamos injustos con el alumnado y que además nos hacen sentirnos mal con nosotros mismos.

«Las perlas de examen» consiguen sacarnos el humor en la tediosa tarea de corregir. Son divertidísimas y además el autor las adorna con sus explicaciones, te divertirás seguro con su lectura.

Afortunadamente hay cada vez más docentes que se replantean los exámenes y que hacen que otra forma de evaluar sea posible, que trabajan con el pensamiento para hacer ciudadanos críticos, que trabajan en equipos, que potencian las exposiciones del alumnado, que trabajan de forma cooperativa con los Departamentos, que abren los centros al entorno, que dan calidad a la educación expandida… en definitiva, docentes que luchan por hacer de su alumnado personas comprometidas y críticas dentro de su entorno, que hacen que la educación sea verdaderamente una situación liberadora para las personas.

Libro muy recomendable para docentes de cualquier etapa porque también lo pueden sentir como los alumnos y las alumnas que fueron.

Esta reseña se publicó originariamente en el blog de la autora, La Colina de Peralías, el día 3 de diciembre de 2019. Puedes verla aquí.

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