EL CASO DE UNAS MADRES DE CLASE MEDIA DE MANRESA IRRUMPE EN EL DEBATE SOBRE MODELOS DE EDUCACIÓN Y DE COLEGIO.

La noticia ha saltado a las páginas de la prensa: Un grupo de madres de clase media de Manresa se han puesto de acuerdo para escolarizar a sus hijos en uno de esos colegios “ghetto” de la periferia de la ciudad; y el reportaje que acompaña a la noticia muestra que no se trata de un gesto simbólico o una apuesta “progre” con un cierto tic romántico, sino una decisión consciente y meditada desde el abandono de los prejuicios y sopesando en términos de racionalidad, ventajas e inconvenientes. (https://elpais.com/educacion/2021-05-23/familias-de-clase-media-se-unen-para-llevar-a-sus-hijos-a-los-colegios-gueto-que-nadie-quiere.html)

Noticia aparecida en EL PAÍS de 23-5-21

¿Qué motivos pueden llevar a esas madres a tomar una decisión que parece ir a contracorriente de lo que se espera de un sector de población que por motivos económicos parece destinada a convertirse en el principal nicho de clientes de la escuela privada concertada como aspiración?  Es ésta una pregunta cuya indagación nos lleva sin duda a profundizar en el debate sobre el modelo de educación y de colegio, precisamente en un momento en el  que la ofensiva ideológica de la educación privada y concertada se nos presenta como un producto publicitado con todos los parabienes. ¿Cuál debe ser el modelo de educación y de colegio deseables pensando en la formación integral de nuestros niños? ¿Qué tipo de colegio con su profesorado, alumnado y proyecto educativo, es el que puede ofrecer el mejor balance en términos de virtudes y defectos, ventajas y desventajas? Vayamos por partes.

SOBRE EL PROFESORADO. Recuerdo que hace ya muchos años la revista Cuadernos de Pedagogía, con motivo del “Día del Maestro”, publicó un número especial que recogía los testimonios de escritores y poetas sobre sus profesores y maestros. Sin duda, textos hermosos y magníficos que ¡cómo no! quizás deberíamos releer de vez en cuando. Y ha sido esta noticia de las madres de Manresa, la que me ha llevado a recordar uno de aquellos testimonios, el de Elías Canetti, el pensador y escritor búlgaro, porque alguna vez pensé que sus palabras contenían una profunda concepción de lo que significa la escuela pública, y que me parece ahora entrever en las palabras de estas madres.

Venía a decir Elías Canetti que él sentía un gran cariño y un profundo respeto y agradecimiento a sus maestros; a todos sus maestros, tanto a los buenos como a los malos, tanto a los tolerantes como a los exigentes, tanto a los más competentes y honrados como a los que menos. Porque del conjunto de todos ellos, de lo que aprendió de cada uno, de sus virtudes y defectos, de sus bondades y de sus pequeñas miserias, aprendió una profunda lección para la vida: la vida se le representaba como el amplio y sugerente abanico que abarcaba todo aquello que eran sus maestros; todo el conjunto de la grandeza y de la mezquindad acerca de la condición humana, todo lo que es fundamental para aprender y caminar por la vida, estaba allí ante sus ojos y él lo aprendió de ellos, de todos sus maestros. Quizás sea eso que se suele decir que las grandes lecciones de la vida las aprendemos de niño, después las olvidamos y pasan desapercibidas, sólo cuando ya somos mayores el tiempo se encarga de reconocer y comprender su profundidad y relevancia.

El recuerdo de esta reflexión de Elías Canetti, siempre me lleva a pensar en que junto a todo aquello que enseñamos existe también en nosotros, los maestros, un currículum oculto que también transmitimos a nuestros alumnos con lo que somos: nuestro estilo personal, nuestras maneras de ser y estar, nuestras aspiraciones o nuestra afición por las matemáticas, la lectura, el arte, el deporte o la música. También nuestra ansiedad y nuestras preocupaciones; y también nuestra mala leche o nuestra alegría. Es decir, todo ese conjunto de valores y contravalores, pero no como conceptos abstratos, sino personificados en aquello que somos y que ofrecemos a nuestros alumnos como ejemplos de personas y de vida.

Pero no era sólo eso. La misma reflexión me llevó a pensar también sobre como de sus palabras se deduce una profunda concepción -probablemente poco valorada- de lo que significa la escuela pública. Porque siempre tendemos a pensar como ideal un colegio con un claustro de profesores todos muy competentes, muy alineados en un mismo perfil, con un misma manera de pensar la escuela, para que puedan entenderse mejor y así facilitar el trabajo en equipo. Sería, seguramente, el perfil de claustro que sólo es posible desde el poder que supone seleccionar al profesorado. Pongamos que hablo de la escuela privada. Y frente a este modelo tan ideal, pero tan uniforme, estaría aquel al que hace referencia nuestro autor cuando habla de sus maestros. Un profesorado plural, diverso, con sus virtudes y sus carencias y sin otra selección que la que marca la azarosa elección de destinos en el concurso de traslados. Precisamente, el modelo de claustro de nuestra escuela pública. El magnífico claustro de nuestra escuela pública, si atendemos a la consideración de Elías Canetti, del que nuestros alumnos han podido y pueden aprender las grandes lecciones sobre la vida y la condición humana.

El escritor y Premio Nobel de Literatura Elías Canetti (1905-1994)

Cosas así debí pensar por entonces; y esas mismas cuestiones me las devuelve las palabras de estas madres de Manresa junto al amplio debate sobre modelos de educación y de colegio provocado por la presión y la actitud de la escuela privada y concertada en defensa de sus intereses tomando como bandera “la libre elección de Centros”. Digamos que todo ese impulso promocional y el soporte publicitario del ideario sobre la concepción de la educación y de su modelo de “colegio burbuja” que promociona la escuela privada y concertada se desmorona ante las palabras de nuestro autor. Quizás algo parecido estuviera en la mente de las madres de Manresa.

SOBRE EL ALUMNADO. Cuando nos referimos a virtudes y defectos de un Centro a la hora de escolarizar a nuestros niños, tendemos a pensar en instalaciones privilegiadas, nuevas tecnologías, el barrio o el prestigio y cosas así, olvidando el factor humano. El factor humano en un centro es el profesorado y los alumnos. Creo que hay una estrecha relación entre lo que nos decía Elías Canetti de sus maestros, con lo que nos quieren decir estas madres. De la misma manera que desde la reflexión en torno a las palabras del escritor, pensamos en la relevancia de un claustro plural y diverso como la mejor experiencia de aprendizaje para la vida en la formación de nuestros alumnos, pensemos lo que estas madres intuyen como mejor para sus hijos en relación con sus futuros compañeros. La composición plural y diversa del alumnado de un colegio gueto de la periferia puede ser el mejor contexto para una formación basada en la experiencia de vida. El contexto multicultural, el conocimiento de otras culturas y de otras lenguas y costumbres, estarán en la mente de lo que estas madres creen que aportarán los compañeros de sus hijos. También estarán en su mente lo que, en justa correspondencia, sus hijos aportarán a sus compañeros en un ambiente que la propia infancia se encarga de hacer natural y espontáneo. “A la escuela van niños, el resto de etiquetas tienen que quedar fuera” refiere una de las madres.

SOBRE EL PROYECTO EDUCATIVO. “Las familias de clase media -dice su directora- no nos eligen porque pesa más la segregación que el proyecto educativo que ofertamos”. Digamos que del aprendizaje escolar forma parte tanto lo aprendido como lo vivido, es decir tanto el conocimiento como la experiencia. En ambos casos subsiste una cuestíón que es de tiempo, de medida del tiempo. El tiempo del aprendizaje de la experiencia y de lo vivido es de por sí un tiempo lento, cercano al ritmo natural de las cosas. Por el contrario, el tiempo de lo aprendido y de la acumulación de conocimientos es un tiempo intensificado, donde apenas cabe “perder el tiempo”. Esta medida del tiempo, este “tempo” en el aprender forma parte también de lo que cada colegio ofrece a sus alumnos. Y no creo que sea una cuestión menor.

Hay una concepción de la enseñanza que tiende a primar los contenidos referidos a conocimiento por encima de los referidos a la experiencia; es lo que suele ocurrir en las formas de hacer de la escuela  privada. Tanto el currículum como el profesorado están sometidos a esos principios y a esa concepción del tiempo escolar. En la escuela pública, sobre todo en los colegios de barrio, la tendencia es otra. La apuesta de su proyecto curricular tiende a primar lo vivido, el aprendizaje por experiencias aprovechando la propia realidad del colegio y las facilidades del entorno, pongamos el bosque cercano, como ocurre con este colegio de Manresa. Cuando hablamos de proyecto educativo de un Centro, quizás deberíamos pensar en todo ello.

Digamos también que hay un prejuicio instalado sobre los colegios difíciles que nos lleva a pensar en  profesores agobiados y sobrepasados deseando salir de ahí y buscar un destino más cómodo. La realidad nos demuestra que no suele ser así, sino que el equipo de profesores de esos Centros se forma a partir de la apuesta profesional de maestros que se quedaron enganchados a su problemática en un encomiable compromiso con el colegio y con sus alumnos y decidieron en su momento apostar por aportar sus esfuerzos aún sabiendo que esos esfuerzos con otro tipo de alumnos obtendrían mejores resultados académicos. Pero, como podemos fácilmente comprender, no es precisamente “lo académico” lo que aquí importa. Pensemos a través de las palabras de Elías Canetti en el grandioso curriculum oculto de estos profesores y en los hermosos valores que transmiten al proyecto educativo del Centro. Lo traigo a colación porque se me vienen a la cabeza muchos profesores y colegios que podría poner como ejemplo de esto que digo.

Así pues, digamos que en el análisis en términos de balance que habrá rondado por las cabezas de estas madres pensando en la mejor educación y futuro para sus hijos, habrán estado todas estas cosas: El centro y sus instalaciones, su prestigio, el barrio; pero también, su proyecto educativo, el profesorado, el alumnado; y creo que no ha sido una decisión improvisada, sino conscientemente meditada y valorada. En mi opinión esa es la profunda y hermosa lección pedagógica y humana que, casi sin querer, nos proporciona la actitud de estas madres de clase media de Manresa cuando han decidido escolarizar a sus hijos, con todas las consecuencias, en uno de esos colegios “ghetto” de la periferia.

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