A propósito de la tabla periódica: Una reflexión sobre arte, ciencia y educación.

Carta a Isabel Celaá

En una entrevista que publicó La Vanguardia el 4/7/21, leo que usted, señora Celaá, decía: “memorizar la tabla periódica es fácil; es más difícil entender que el litio puede generar baterías para almacenar la energía que requiere el coche eléctrico.”

De acuerdo con su observación, se me van ocurriendo otras dificultades que genera la observación de la tabla, tales como la importancia del cobre para sustentar nuestra vida tecnológica actual; o la necesidad de reponer la pérdida de hierro a la que la menstruación somete regularmente a las mujeres; o el papel del calcio para saber a que ritmo las galaxias forman estrellas…

Debo admitir, sin embargo, que yo no encuentro tan fácil memorizar la tabla periódica a no ser que alguien me advierta de que estos elementos allí registrados son precisamente las semillas de las que está compuesto todo aquello que existe, incluida naturalmente la especie humana. En una palabra, que cada persona— yo, tu, él y ella…— está compuesta de una intrincada mezcla de los elementos que se presentan ordenados en la tabla periódica.

Creo que me sorprendería enormemente saber que la pregunta de qué estamos hechas las personas no sólo pueda responderse sino que esa respuesta, en términos generales, sea la misma para todo aquello que compone el universo conocido hasta el día de hoy.

Si además me advirtieran también que todos los elementos de la tabla periódica se formaron en el interior de alguna estrella y que es por ello que somos polvo de estrellas, seguro que mi interés por conocer los sujetos de esta tabla aumentaría.

“No encuentro tan fácil memorizar la tabla periódica a no ser que alguien me advierta de que estos elementos son las semillas de las que está compuesto todo aquello que existe”

Si además este argumento se prolongara hasta hacerme saber que en el caso de que un elemento determinado se extinguiera ningún laboratorio podría reemplazarlo porque para su formación fue necesaria una temperatura imposible de fabricar en la tierra; o si llegara hasta la afirmación que todos los elementos están presentes en proporciones diversas en el mar; o que tantas veces la curación de nuestras enfermedades consiste en saber de qué elementos estamos faltos y ver de buscar en las respuestas farmacológicas el remedio oportuno… tal vez, entonces, memorizar la tabla periódica no sería ni tan solo el objetivo sino que conocerla y estudiarla con la mayor precisión posible pasaría a ser un interés recurrente.

Le digo todo esto que usted ya sabe, posiblemente mucho mejor que yo, porque yo no lo aprendí en la escuela —todavía pre-democrática, en mi caso—, que me examinó y aprobó de física y química durante el bachillerato, sino en el estudio de la artista Eugènia Balcells con la que empecé a trabajar al final de los años 1990 del pasado siglo. (https://eugeniabalcellsfoundation.org/homenaje-a-los-elementos/)

Eugènia Balcells ante el mural Homenaje a los elementos de su exposición Años Luz.

En el año 2009, a Eugènia le fue concedida la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y en el 2011, en reconocimiento a su larga investigación artística, recibió una ayuda del Ministerio de Cultura para realizar la instalación Universo en colaboración con algunos astrofísicos del observatorio de Roque de los Muchachos en Canarias.

Hecho el trabajo, fue también con el Ministerio de Cultura que se organizó la exposición Años luz presentada primero en Madrid en el espacio Tabacalera y en itinerancia internacional posteriormente.

Años luz incluía el mural Homenaje a los elementos, una tabla periódica en el que figuran los espectros de luz de cada uno de ellos. Es decir la huella lumínica que les distingue, que les singulariza.

Este mural, nacido primero como parte del vocabulario básico de la exposición para facilitar las visitas escolares, llegó a ser tan deseado por las facultades de Química y Física de la Universidad de Barcelona que dio lugar a una serie que hoy luce en numerosos centros de docencia y de investigación.

Vuelvo al principio para decirle que fue la visión del arte contemporáneo sobre el origen del universo la que abrió para mi, y para centenares de visitantes de la exposición en lugares muy alejados unos de otros, un interés científico que no ha hecho más que crecer desde entonces. Un interés que, por otra parte, enlaza directamente con la curiosidad humana de entender el origen de la vida y la posición de nuestra especie en el conjunto del que forma parte.

“…fue la visión del arte contemporáneo sobre el origen del universo la que abrió para mí un interés científico que no ha hecho más que crecer desde entonces.”

Mi dedicación a la docencia me llevó a imaginar que ocurriría si el mural Homenaje a los Elementos, el signo universal que habla de nuestra raíz común y no tiene carga ideológica alguna, estuviera presente en todas las escuelas.

Si eso ocurriera, sería pensable que algún día, algún estudiante preguntara sobre el significado del mural, aun antes de que formara parte de su temario, y cualquier docente podría empezar a saciar su curiosidad sea desde el ámbito de la física o de la química o desde el ámbito de la filosofía o desde los versos de los poetas antiguos que empezaron a sospechar sobre la existencia de los elementos tanto en oriente (Rig Veda) como en occidente (desde Epicuro hasta Lucrecio y su De Rerum Natura).

https://eugeniabalcellsfoundation.org/wp-content/uploads/HOMENAJE-A-LOS-ELEMENTOS-Dosier-2019.pdf

Esta reflexión, y todas las que fueron naciendo a su alrededor, dirigidas tanto al conocimiento de la realidad como al homenaje a estos componentes que constituyen nuestro universo, terminó generando un mural de proporciones más reducidas y de muy fácil colocación para que el sueño de compartir este destello de luz con los centros educativos pudiera llegar a ser realidad.

Ayer, leyendo sus palabras, en el sosiego de una tarde estival junto al mar, volví a contemplar esta imagen que articula de manera excepcional ciencia, filosofía y arte y muestra sin ambages su potencial en el amplio marco de la educación. Por todo ello decidí escribir esta historia y mandársela pensando que tal vez cada deseo puede llegar a tener su momento estelar.


Este artículo fue publicado en La Vanguardia el día 8-7-21 por EULÀLIA BOSCH, profesora de Filosofía, curadora de exposiciones y creadora de programas que conectan entre sí las artes, la educación y la vida urbana. Fue fundadora de los servicios educativos del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y del Instituto para la Enseñanza de la Filosofía. Algunos de sus libros son “Un lugar llamado escuela” (Ed. Graò) y “¿Quién educa a quién? Educación y vida cotidiana” (Ed.Laertes) (https://www.eulaliabosch.net/).

Eulàlia Bosch vino a Sevilla por primera vez para impartir una conferencia organizada por REDES el 3 de Abril de 2013. Éste era el cartel que la anunciaba:

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